El largo viaje de Bernard Moitessier

 

El largo viaje de Bernard Moitessier

Bernard Moitessier nación en Indochina, en 1925. Se inició en la navegación en su juventud, con los pescadores del Golfo de Siam, y más tarde surcó como patrón los legendarios mares del Sur.

Con la experiencia de haber navegado según los métodos más primitivos, y enriquecida su formación por los marinos de Asia, nació en el fondo de su ser este amor por la mar que había de marcar toda su vida.

Cuando Moitessier zarpó por primera vez de Indochina a bordo del Snark, un viejo yawl carcomido por los teredos, y la segunda vez, en solitario con un junco llamado Marie-Therese, lo hizo en unas condiciones tan precarias como para impresionar al más temerario de los hombres. A pesar de ello, vivió en solitario ochenta y cinco días en alta mar enfrentándose a los elementos, antes de naufragar en las islas Chagos y estrellarse contra la costa. Milagrosamente había salvado la vida, pero su barco, toda su fortuna, se hallaba en el fondo de los mares.

Sin ninguna clase de recursos, trabajó duramente en Isla Mauricio ahorrando para construir otro barco que le permitió zapar de nuevo rumbo a África del Sur y las Antillas, desplegando en cada escala un prodigioso ingenio para ganarse la vida y mantener su embarcación. Pero volvió a naufragar, y, sin barco y sin dinero, sin familia y casi sin amigos, permaneció bloqueado en las Antillas, hasta que consiguió llegar a Francia.

En 1966, acompañado de su esposa, hizo la más importante travesía llevada a cabo por un yate: 14.216 millas a vela en 126 días. Un récord mundial, una proeza a través de la ruta del Cabo de Hornos, la más lógica por ser la más rápida. No obstante es una de las rutas más penosas y arriesgadas porque atraviesa una zona marítima de altas latitudes, donde tantos grandes veleros (de 600 a 1200 toneladas), dedicados al transporte comercial, desaparecieron sin dejar rastro. Moitessier y su esposa hicieron la travesía en un barco sin motor de 13 toneladas.

Moitessier, skipper hábil y prudente, consiguió que su embarcación, el Josshua, pasara del Pacífico al Atlántico sin avería, pasando por temibles temporales, uno de los cuales durante seis días,   navegando a palo seco, recorrió 600 millas hacia el temible Cabo de Hornos. Dobló por primera vez el Cabo de Hornos, uniendo sin escalas Tahití con Europa.

Finalmente realizó la proeza de dar una vez y media la vuelta al mundo en solitario que relata él mismo en su libro “El Largo Viaje”.

Durante 10 meses, navegando en solitario, Bernard Moitessier realizó la travesía más larga realizada por un navegante solitario: 37.455 millas sin tocar tierra. El Sunday Times, decidió “organizar” una regata de navegantes solitarios alrededor del mundo y sin escalas y con una recompensa en metálico. Se concedían dos premios: una esfera terrestre de oro para el primer llegado y 5.000 libras esterlinas para el viaje más rápido. El reglamento era sencillo: sin necesidad de inscribirse oficialmente, los barcos debían salir de un puerto cualquiera de Inglaterra entre el primero de junio y el treinta y uno de octubre y regresar después de haber doblado los cabos de Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos.

Y cuando Moitessier dobló los tres cabos en primera posición, cuando ya era prácticamente el ganador de la regata, escogió lo más sorprendente: volver a doblar el Cabo de Hornos y el de Leeuwin dirigiéndose nuevamente hacia el Pacífico abandonado la competición y escogiendo la soledad del navegante solitario y un destino fuera de las normas de la civilización occidental. Se impuso su vena mística y aventurera. ¿Su razón?: porque “soy feliz en el mar, y quizás también para salvar mi alma…”

Atrás dejó los regalos y los premios de la prestigiosa competición y puso rumbo a Tahití. De esta forma, se convirtió en el mentor de toda una generación de amantes de la vela, por haber sabido decir “No” al dinero y a la gloria. Al final, consiguió realizar una vuelta entera alrededor de la Tierra, 10 meses de soledad, y atracar en la Polinesia.

Este gran marino no podía imaginar la navegación sin sextante, con el que encontraba la dirección tanto de día como de noche. Su magia consistía en llegar a su destino gracias únicamente a este utensilio de cuyo manejo se convirtió en un virtuoso. Su sueño: convertirse en un auténtico juglar de las estrellas… reencontrarse consigo mismo en contacto con el cielo y reservar la mecánica sólo para casos de emergencia.

Moitessier se quedó a vivir en Tahití, realizando esporádicos viajes a Francia. Murió en 1994, a los 69 años de edad.

Gloria y honor también para uno de los más grandes marinos que han existido.

 

 

Deja un comentario